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Marcos Llorente, un héroe cargado de paciencia

03/21/2020

Cuando Marcos Llorente (Madrid, 1995) comunicó en junio que se marchaba, la zona noble del Real Madrid arrugó el gesto. No tanto por su fuga, dado que Zinedine Zidane le había abierto la puerta, sino por su convencimiento de cambiar el Bernabéu por el Metropolitano. A pesar de las ofertas que habían llegado desde fuera de España, él tenía clara su siguiente parada. La decisión no tenía marcha atrás.

Dos años antes (2017), tras su brillante temporada en Vitoria, Diego Simeone le dejó claro por primera vez que lo quería tener a su lado. La charla, sin embargo, se topó con la negativa blanca a traspasar a uno de sus canteranos más prometedores. Sus piernas y sus pulmones coincidían con lo que el argentino buscaba para un centro del campo que ya había iniciado su metamorfosis. La puerta pareció cerrarse definitivamente con el fichaje de Rodri por el Atlético y la eclosión de Llorente durante el Mundial de Clubes, donde fue nombrado MVP. Seis meses después, las piezas encajaron.

Y sin embargo, hasta su explosión del miércoles en Anfield, más concretamente en la prórroga, con los dos goles más importantes de su carrera, la sensación era de que los cerca de 40 millones pagados al Real Madrid tal vez fueran excesivos. En esa medular de Simeone, donde, estando sanos, SaúlThomas y Koke son inamovibles, Llorente ha tenido que aguardar su turno con paciencia y en silencio. «Para un futbolista no es fácil, pero Marcos no lleva mal este tipo de situaciones porque nunca pierde los nervios. Su gran virtud es que trabaja sin descanso y es muy perseverante. Cuando le llega la oportunidad siempre está preparado», explica su tío y representante, Julio Llorente, que vio en el Atlético un destino ideal para su sobrino.

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