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Luis Suárez, la solución de Simeone para los problemas del Atlético ante el gol

12/22/2020

Luis Suárez, el pasado jueves, a su llegada a Perugia.

Hace poco más de un mes, en la planta reservada de la Cervecería Ramiro de Lisboa, la cúpula del Atlético pasaba a limpio las cuentas de la temporada y garabateaba los principales cimientos de la siguiente temporada, que ya empezaba a asomar antes de que hubiera concluido el extraño curso 19/20. El inesperado batacazo ante el Leipzig, en los cuartos de final de la Champions, hizo bailar algún que otro número de un presupuesto apretado hasta la asfixia por la crisis del coronavirus. Pero en ese proyecto había una idea en la que todos coincidían: hacía falta un goleador. Lo había recalcado Diego Simeone, después de que su equipo completara el peor registro anotador desde su llegada: 51 goles en LaLiga. Pero, más allá de la complejidad de encontrar de una vez un ariete determinante, ocurría que había que lograrlo en el mercado más inverosímil de la historia reciente del fútbol.

Así que, la única fórmula posible para ejecutar una operación así era, en primer lugar, abrir la puerta a alguno de los futbolistas con más pedigrí (y mayor nómina) y, sobre todo, aguardar a que, con el paso de los días, el mercado dejase al descubierto alguna buena oportunidad. Y este lunes, seis días antes de que el Atlético dé su primer paso en LaLiga -el domingo (16:00), frente al Granada-, se abrieron dos ventanas casi al mismo tiempo. Álvaro Morata (27 años), el máximo goleador del curso anterior, con 16 tantos, pidió marcharse a la Juventus, donde Andrea Pirlo, su ex compañero y ahora entrenador, le ha susurrado que volvería a ser importante junto a los Alpes, como ya lo fue entre 2014 y 2016. De hecho, este mismo martes ya viajó a Turín y el acuerdo está cerca de cerrarse con 10 millones para el Atlético por una cesión con opción de compra.

Allí conoció a su mujer, la modelo Alice Campello y madre de sus tres hijos, y allí empezó a ser importante en Europa. Sin la titularidad asegurada junto a Simeone, que le reclamó ya en 2016, y con el escozor de su suplencia en el partido más importante del año, frente al Leipzig, donde sólo jugó los últimos 18 minutos, Morata cree que allí, al lado de Cristiano Ronaldo, podrá seguir creciendo. Ayer ni siquiera se entrenó.

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