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La cuenta atrás de Fernando Torres

07/05/2019

El delantero, que jugará su último partido el 23 de agosto ante Villa e Iniesta, volverá al Atlético, pero no a corto plazo.

El Hotel Imperial de Tokio, en el barrio de Ginza, pleno centro de la capital de Japón. Uno de sus salones. Una televisión (DAZN) en directo. Un traje negro con una ¿camiseta? ¿jersey? en fin, algo moderno, también negro. El presidente de su actual club, el Sagan Tosu, Minoru Takehara, junto a él. Un vídeo emotivo. Una primera represión de las lágrimas. Un anuncio: el último partido será el 23 de agosto contra el Vissel Kobe, donde juegan dos de los tipos que hicieron historia para el fútbol español junto a él: Andrés Iniesta y David Villa. Un motivo: «He escuchado a mi cuerpo. Ya no estaba disfrutando tanto como antes y por eso creo que lo más honesto es dejarlo ahora. Quiero abandonar el fútbol con la conciencia limpia».

Fernando José Torres Sanz (Madrid, 35 años) verbalizó así su retirada del fútbol profesional, avanzada mediante un vídeo en las redes sociales en la madrugada española del pasado viernes. Después, durante las diferentes preguntas, hubo de tragar saliva otro par de veces para no llorar. Al fin y al cabo, le puso el broche a una carrera de 18 años en la que ha ganado todo y, además, pudo explicar qué sintió cuando vio la reacción de todo el mundo del fútbol -selección alemana incluida- tras su anuncio. «Después de ver la reacción del mundo del fútbol me siendo muy orgulloso de todo lo que he conseguido. Yo quería muchos trofeos, los máximos posibles, pero ahora que el final está cerca me quedo con el respeto de todo el mundo. Equipos, rivales, competiciones, selecciones, compañeros agradeciéndome todo… Comencé a jugar hace 18 años y he sido muy afortunado por dedicarme al deporte que amo, pero sobre todo por recibir el respeto de todo el mundo: ese es mi mayor trofeo», explicó.

EL FUTURO

¿Qué va a hacer Torres ahora? Pues lo primero, después de ese 23 de agosto, es hacer las maletas y dejar el impresionante ático con vistas al mar en el que ha vivido maravillosamente bien el último año, bajando a la playa a jugar con los niños y yendo a pasear por la calle con Olalla sin temor a ser molestado, más allá de las miradas tímidas y orientales. Después, alejarse por un tiempo, unos meses, de todo, desconectar, ya en Madrid, del primer plano y, cuando haya relajado la mente, pensar. Va a estar pegado al fútbol, eso está claro, pero no se sabe dónde. «Huele más a despacho que a banquillo», dicen en su entorno, aunque todas las puertas están hoy abiertas.

Y tarde más o tarde menos, su lugar en el mundo será el Atlético de Madrid. Lo sabe él y lo sabe Miguel Ángel Gil. Ambos, con Enrique Cerezo, se vieron hace algo más de un mes y se emplazaron a seguir viéndose. Y hablando. «Será lo que él quiera», afirman desde esos despachos. Quizá no puede ser de otra manera para el mayor icono que maneja la afición rojiblanco junto a Luis Aragonés. Él lo sabe, pero no va a coger un puesto cualquiera, ni se va a conformar con ser un rostro visible, un portavoz… Nada de eso. Como suele hacer, Torres meditará primero y se preparará después. «El Atlético es el club de mi corazón, nuestros caminos se cruzarán en el futuro probablemente, pero no sucederá pronto. Tengo que formarme, estudiar, aprender cómo funciona todo… Si volviera sería para grandes cosas, para llevar al club al siguiente nivel, y para eso necesito tiempo. Tengo que prepararme para ese gran reto». Ese horizonte está, pues, más en una figura ejecutiva, con poder sobre una determinada parcela del club, que en otro lugar. El hecho de ser la mejor imagen para el Atlético es algo que ni él puede evitar.

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