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El nómada español que un día sustituyó a Cristiano y ahora vive de cerca la guerra en Naborno Karabaj

10/12/2020

Jaime Romero, durante un partido con el Qarabag.

Agdam es una ciudad fantasma desde 1993. La guerra entre Armenia y Azerbaiyán, por el territorio de Nagorno Karabaj, la convirtió en un amasijo de silencio y huesos de hormigón. De ahí que fuera apodada como la Hiroshima del Cáucaso. Allí aún descansa algún vestigio de lo que fue en su día el hogar del equipo de fútbol Qarabag. Su estadio y sus instalaciones originales, levantadas en 1951, fueron trasladadas de urgencia, como les ocurrió a miles de ciudadanos, encontrando refugio en Bakú, la capital del país, a orillas del Mar Caspio. El nombre de la localidad, pese a la distancia, permanece tatuado en el conjunto azerí.

Desde el verano de 2019, el Qarabag cuenta en sus filas con Jaime Romero (Albacete, 1990), el único español que queda en el equipo tras la reciente marcha de Míchel, uno de los ídolos de la afición, y Dani Quintana. Bueno, también está su hermano (Daniel), que juega en el filial. «Cuando vienes a un país extranjero, sabes que vas a estar un poco solo. Así que al tener a mi hermano se está mucho mejor», confiesa en conversación telefónica con este periódico. Los dos viven en Port Bakú, una zona céntrica de la capital ubicada junto al mar, que aloja a buena parte de los extranjeros de la ciudad. Entre ellos, a los hermanos Romero.

Desde la atractiva Bakú, apenas se advierten los ecos de esa herida entre Armenia y Azerbaiyán, que volvió a reabrirse hace unas semanas (27 de septiembre), si es que alguna vez se ha llegado a cerrar. La artillería volvió a rasgar el silencio en una zona de angustia donde la calma nunca termina de llegar. «Aquí la vida es normal. No hay sensación de peligro y seguimos como antes, porque el conflicto está en la otra punta. Aunque aquí hay bastante gente que lo está viviendo intensamente», admite Jaime, que firmó en 2019 un contrato por tres temporadas. «En el club quieren que estemos aislados de todo, que nos dediquemos a jugar porque tenemos partidos importantes. Al final llevamos el nombre de la región donde está el problema, así que también somos un poco lo que se percibe del país. La gente de aquí están con nosotros».

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