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El Barcelona despide al Espanyol

08/06/2020

GRAF4849. BARCELONA.- El delantero uruguayo del FC Barcelona lt;HIT...

No subestimemos nunca el fútbol. Los recuerdos de una vida quedan demasiadas veces anudados a glorias -pocas- y desgracias -demasiadas- que deberían ser ajenas. Y no lo son. Son otros los que corren y marcan, los que caen y se despeñan. Pero las emociones, puñeteras, son tan especiales porque escapan a la cordura. El Barcelona, sin autoridad para alzar el mentón, se despidió del Espanyol en el Camp Nou. La próxima temporada, después de 27 años, jugará en Segunda, donde le tocará rememorar viejos fantasmas, pero también héroes añejos. Como los rusos GaliaminKuznetsov Korneiev de Lara. O aquel Iotov, introvertido chaval búlgaro con más goles que palabras. La ciudad de Barcelona pierde por un tiempo una rivalidad crónica y de naturaleza desigual. Desde la distancia se apreciará una belleza que durante tanto tiempo nos acostumbramos a negar.

No hubo más que atender al partido de un Espanyol que asomaba ya desahuciado al Camp Nou después de que entre sus cuatro entrenadores ganaran cinco partidos. Frente a ese Barcelona del que tan satisfecho está Quique Setién, orgulloso porque el presidente Bartomeu le aseguró el puesto de trabajo, los futbolistas blanquiazules desvelaron el mal zurcido de su rival ciudadano. De tal manera que si el Espanyol no atrapó dos goles antes del descanso fue, cómo no, gracias a Ter Stegen. El único sostén que nunca falla.

El triunfo del Barcelona frente al Villarreal que desembocó en la furiosa autoafirmación de Setién traía consigo alguna sospecha. El 4-4-2 en rombo, con Messi detrás de Suárez y Griezmann, funcionó de fábula en buena medida porque Calleja permitió una estepa a la espalda de su doble pivote. Frente al habitual atasco en la garganta, esta vez tramado por Rufete en el Espanyol a partir de un 5-3-2, el Barcelona volvió a la burocracia. A su versión chapucera. El balón, cachazudo, pasaba a ser medicinal. Los futbolistas se estorbaban. Sergi Roberto no encontraba campo por donde correr, y Rakitic, sustituto de Arturo Vidal, recuperaba su cara más crepuscular. Sólo las orillas podían ofrecer algo de luz. Pero Jordi Alba se hartó a centrar al bulto, donde Cabrera y Bernardo todo lo repelían. Y Semedo, simplemente fue Semedo. Muchas prisas, ni una sola solución.

El Espanyol defendía. Pero también soñaba cada vez que el pie de Marc Roca echaba a sus compañeros a correr. Nadie atrapó a Embarba, pero el pie de Ter Stegen evitó el gol inaugural. Otra vez tuvo que comparecer el meta cuando ya moría el primer acto. Quien tiró de piernas esta vez fue Dídac Vilà. Su centró desorientó a Lenglet, que exigió otra intervención de su portero. Volvió a intentarlo Dídac, pero ya con la derecha no pudo más que llevar el balón al palo.

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