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El Barcelona, con el salvavidas de Messi en la guarida de Maradona

03/15/2020

Lo primero que hace el taxista al ver que quienes entran en su coche son periodistas españoles es echar mano de la guantera. Saca una postal de Diego Armando Maradona, en principio firmada por el ex futbolista, y la cuelga justo debajo del retrovisor. Que sea El Diego quien dé la bienvenida al forastero. Escenas similares se repiten una y otra vez en cada rincón de Nápoles. En un restaurante, un ultra de bomber ya apolillada y que debió pasar por tiempos mejores en la grada de San Paolo, saca sus peores pulgas cuando a otro comensal se le ocurre poner a Leo Messi por encima de Maradona. Y qué decir de los murales. Y de quien guarda en una urna un trozo de pelo del Pelusa. O de quien dice que tiene una bota suya con la que ganó el Mundial de México’86. Maradona, como dicen algunos napolitanos, está por encima de San Gennaro, porque el futbolista, al menos, cumplió.

El menudo delantero Lorenzo Insigne, napolitano de pura cepa y cuyas gafas de pasta de bibliotecario mezclan con una cadena en el cuello, lo tiene claro: «Messi es actualmente el mejor del mundo. Pero no lo comparo con Maradona. Para nosotros los napolitanos, Diego es sagrado».

El Barcelona regresa a la Champions en uno de aquellos escenarios en los que resulta fácil quedar embrujado. El martilleo psicológico por las gestas de Maradona durante sus siete años en Nápoles no sólo es imposible de obviar, sino que acaba por devorarte. Los napolitanos ni siquiera parecen reparar demasiado en el avance del coronavirus por el norte de Italia, allí donde los partenopeos siempre se sintieron repudiados. Las mascarillas son por ahora una rareza en Nápoles y sólo los controles de temperatura a la llegada al aeropuerto -medidas por supuesto también aplicadas a los componentes de la expedición azulgrana-, remiten a un presente que, en Nápoles, siempre es pasado.

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